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Teclado

Clave (clavecín)

Instrumento de teclado de cuerdas pulsadas, con caja en forma de ala, que dominó la música antigua hasta finales del siglo XVIII y resurgió en el siglo XX.

El clave (clavecín, en francés; en italiano, cembalo o clavicembalo; en alemán, Cembalo o Kielflügel) es un instrumento de teclado y cuerda cuyas cuerdas se pulsan en lugar de percutirse, como ocurre en el clavicordio y el piano. Su caja alargada en forma de ala recuerda a la del piano de cola, y no es casual: las cuerdas, cada vez más largas desde el agudo hacia el grave, se extienden directamente hacia el intérprete. Con el término genérico de clave se designan también otras variantes de la familia, como el clavicitherium, el espineta o el virginal.

Su mecanismo es ingenioso y sencillo. Cada tecla levanta una pieza de madera estrecha, el salto, que lleva en su parte superior una lengüeta articulada con una pluma, de cuero, plástico o, raramente, metal, que es la que pulsa la cuerda al subir. Al soltar la tecla, la lengüeta cede y vuelve a su posición gracias a un pequeño muelle, mientras un paño situado junto a ella apaga la vibración. Un listón acolchado impide que el salto salga disparado. El resultado es un control extraordinario del legato y del staccato, pero el instrumento no responde al peso de la pulsación: la cuerda se separa siempre lo mismo, de modo que el volumen no cambia con la fuerza del dedo. Para obtener contrastes dinámicos se recurre a varios teclados, a registros que se añaden o se retiran, o a mecanismos que alteran la distancia a la que la pluma pasa por la cuerda. Muchos claves tienen dos juegos de cuerdas y de saltos, que se desplazan lateralmente mediante deslizaderas; algunos incorporan también un registro de laúd, de sonido nasal, y otro de sordina de piel de búfalo.

La historia del clave se remonta al siglo XV. La referencia escrita más antigua data de 1397, cuando un jurista de Padua mencionó un instrumento llamado clavicembalum inventado por un tal Hermann Poll, y la representación más antigua conocida es una escultura de un retablo de 1425 procedente de Minden, en el noroeste de Alemania. Los ejemplares renacentistas que han llegado hasta nosotros son sobre todo italianos, anteriores a 1590, y se caracterizan por cajas delgadas, afinaciones de la cuerda en razón doble por octava y una construcción muy refinada. Sin embargo, los investigadores han visto en la tradición del norte de Europa un origen igualmente importante, pues las fuentes más antiguas conservadas de la familia proceden de Alemania y los primeros claves nórdicos conocidos comparten rasgos con los italianos. Hacia 1600 cambiaron las preferencias: el ámbito de cuatro octavas se amplió y la pieza se fue haciendo más grave, con registros de 8 pies dobles y sin el de 4 pies.

En el siglo XVII la producción se articuló en tres grandes corrientes. Los Ruckers, dinastía de Amberes que dominó la fabricación durante un siglo desde 1579, produjeron claves de diversos tamaños, dobles teclados y los célebres instrumentos rectangulares; sus modelos circularon por toda Europa y se rehicieron con frecuencia para adaptarse a los nuevos gustos. En Francia surgió el clave de dos teclados contrastantes, y una escuela de claveccinistas como Chambonnières, Louis Couperin y d'Anglebert, cuya música fue muy influyente. En Italia, a partir de 1600 el instrumento se orientó al bajo continuo, y muchos ejemplares antiguos se modificaron para ampliar el registro grave. En el siglo XVIII el clave alcanzó su plenitud: en Francia se impuso la tesitura de cinco octavas, con los Blanchet, Taskin, Goermans y Hemsch como grandes maestros; en Inglaterra, Shudi y Kirkman fabricaron modelos de dos teclados con una disposición característica, y en Italia destacó Bartolomeo Cristofori, el inventor del piano, cuyo entorno produjo claves de notable calidad. En Alemania, Hamburgo fue un centro importante, con instrumentos de bentside en forma de S, y Austria destacó por su octava grave vienesa.

El clave tuvo un papel central durante casi todo el siglo XVIII, no solo como instrumento solista, sino como participante esencial en la música de cámara, la orquestal y la ópera, donde mantuvo su función de bajo continuo más tiempo que ningún otro uso del teclado. Sin embargo, hacia 1810 había caído prácticamente en desuso, desplazado por el piano, que pasó a dominar la música para teclado y la de cámara con teclado.

El resurgimiento moderno comenzó en la década de 1880. En 1882 Louis Tomasini restauró un clave Taskin de 1769 que el pianista Louis Diémer había empleado en sus recitales desde mediados de los sesenta, y las casas Erard y Pleyel estudiaron ese modelo para reanudar la fabricación. Las primeras réplicas, de dos teclados y cinco octavas, se presentaron en la Exposición de París de 1889. En Alemania, el prestigio de un instrumento atribuido a Bach, reconstruido en el siglo XVIII, dio lugar a copias de la disposición de 16 y 8 pies en el teclado inferior; en ese contexto J. G. Steingraeber construyó modelos de gran difusión. Wanda Landowska, primera gran virtuosa del instrumento, tocó y grabó con clave Pleyel desde 1912 hasta su muerte en 1959, y en 1922 Pleyel incorporó un bastidor metálico y una mecánica de pedales. La Segunda Guerra Mundial causó graves pérdidas, pero después de 1945 talleres como Neupert y Pleyel reanudaron su labor. Hacia 1949 Frank Hubbard y William Dowd fundaron en Boston el primer taller moderno dedicado a construir claves según principios históricos, y desde entonces el instrumento vive una doble vía: las réplicas de modelos antiguos y los claves modernos de concepción propia, que hoy forman parte del repertorio habitual de la música antigua y de la interpretación de Bach, Couperin y Händel.

Repertorio esencial

  • Chambonnières: obras para clave
  • Louis Couperin: piezas para clave
  • J.-H. d'Anglebert: obras para clave
  • François Couperin: Pièces de clavecin (1713)
  • Jean-Philippe Rameau: piezas para clave

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