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Viento madera

Chirimía

Instrumento de viento madera de doble lengüeta, de sonido potente y brillante, que dominó la música ceremonial y civil de Europa desde la Edad Media hasta el siglo XVII y sobrevive hoy en la cobla catalana.

La chirimía (en inglés, shawm) es un instrumento de viento madera de doble lengüeta cuyo sonido es penetrante, potente y brillante. Los primeros testimonios lo describen como uno de los instrumentos más fuertes que existen, solo superado por la trompeta, y esa intensidad explica buena parte de su popularidad durante siglos. Su nombre tiene parientes lingüísticos en buena parte del mundo, como el zamr árabe, la zurna turca, el surnay persa o el suona chino. En la literatura organológica el término se reserva con precisión para los instrumentos de doble lengüeta, aunque desde finales del siglo XIX se empleó también de forma genérica para incluir a los de lengüeta simple.

La chirimía tiene un cuerpo de madera dura, a menudo arce, generalmente de una sola pieza salvo en los tamaños grandes, que se construyen en varias secciones ensambladas. Su perforación es cónica durante unos cuatro quintos de su longitud y termina en una campana. Presenta siete orificios en la parte delantera. En los ejemplares mayores, el orificio inferior se cierra con una llave que trabaja dentro de una fontanela, un cilindro de madera removible perforado por pequeños agujeros dispuestos en motivos ornamentales que dejan salir el sonido. Bajo los orificios digitales hay varios agujeros de ventilación que corrigen el efecto de la campana, necesariamente larga para lograr estabilidad tonal, y que en algunos instrumentos originales permitían producir notas graves por descenso diatónico.

La forma de tocarla dependía en gran medida de la pirueta, una pieza de madera torneada con forma de copa y tapa plana o ligeramente cóncava, que se usaba en casi todos los tamaños salvo en los más graves. La lengüeta se fijaba a un tubo cónico de latón, que a su vez encajaba en la pirueta dejando libre la parte superior de la lengüeta. Los labios del intérprete podían apoyarse sobre la pirueta, lo que aliviaba la fatiga de la embocadura y dejaba vibrar la lengüeta libremente dentro de la boca, o bien controlarla directamente con los labios para obtener una emisión más variable. Las numerosas representaciones de conjuntos en los que uno de los chirimieros descansa dan idea de la tensión que soportaban los labios. Los instrumentos graves, por su gran longitud y peso, carecían de pirueta, se tocaban con una curva en forma de S y apoyaban la campana en el suelo.

No se conserva ningún instrumento original anterior al siglo XVI, de modo que el conocimiento de sus orígenes depende de fuentes iconográficas y de instrumentos tradicionales. Se cree que procedía del Oriente islámico y que llegó a Europa entre los siglos IX y XII. Ya en manuscritos del siglo XIII aparece representada y, con más claridad, en fuentes del siglo XIV, como las Cantigas de Santa María de Alfonso el Sabio o el Cancionero Manesse. Hacia 1350, Konrad von Megenberg explicaba el nombre de la bombarda por el zumbido estruendoso de su sonido. En el siglo XIV aparecieron también instrumentos más largos, que se conocieron como bombarda y que acompañaban a la chalemie, y a comienzos del XV se les añadió una llave. Hacia 1423, Felipe el Bueno de Borgoña encargó en Brujas un conjunto formado por dos bombardas a clave, una contre, dos chalemies y una trompeta. Este tipo de agrupación, de sonido fuerte, acompañaba ceremonias, procesiones y bailes como la basse danse, y en ámbitos más íntimos la chirimía se combinaba con laúd, arpa y viola en un conjunto de sonido suave.

A lo largo del siglo XVI la familia se amplió con instrumentos de mayor tamaño. Sigmund Schnitzer, fabricante de Núremberg, documentó en 1539 cinco tamaños, que Michael Praetorius describió en 1619 con sus nombres alemanes: discante, alto o bombarda (Pommer), tenor, bajo y gran bajo. Como los instrumentos se construían a intervalos de quinta, la afinación en conjunto resultaba problemática, y Praetorius propuso instrumentos intermedios. En la práctica solían tocarse dos o tres miembros de la familia a la vez, nunca la familia completa. Hacia 1700 la chirimía de tiple había sido sustituida por el oboe, pero los tamaños graves se mantuvieron en Alemania hasta el final del siglo XVIII para reforzar el bajo. La llamada deutsche Schalmey, un oboe de registro agudo, prolongó en el ámbito germánico una tradición que desapareció en la primera mitad del siglo XVIII.

En el terreno de la música de conjunto, la chirimía fue protagonista de bandas cortesanas y ciudadanas. En Francia, Luis XIII instituyó una banda de doce grandes hautbois con dos chirimías y dos cornetas en las partes agudas, cuatro altos, dos trombones y dos bajos. En Londres, Jacobo I contó con una agrupación semejante, y en Amberes, un cuadro de Denijs van Alsloot de 1616 muestra una banda de seis músicos. En el sur de Alemania, los Stadtpfeifer, músicos municipales, interpretaban motetes y canciones en cuatro a seis voces en las ciudades, y en el siglo XVII el dulciano solía ocupar la parte de bajo en estas agrupaciones. Hacia 1600, un conjunto de tres hautbois de Poitou acompañado de una cornemusa llegó a París, y luego se mantuvo en Versalles.

Hoy la chirimía vive sobre todo en la tradición popular. En Cataluña y el Rosellón nunca perdió su lugar en la música cívica: en el siglo XVIII los villancicos catalanes incluían partes de tiple y tenora, que hoy son los principales instrumentos melódicos de la cobla, la agrupación que acompaña la sardana. El tiple está en fa, y la tenora en si bemol, y ambos conservan la pirueta y una lengüeta ancha y triangular. La dulzaina castellana y la gralla catalana, de tamaño menor, se desarrollaron por separado en contextos rurales, y existen también variantes como el tárogató húngaro o la sopila croata. Desde mediados del siglo XX, la recuperación de los instrumentos históricos, impulsada por fabricantes como Rainer Weber y por intérpretes como Otto Steinkopf, ha devuelto la chirimía a los conjuntos de música antigua, aunque los primeros ejemplares reconstruidos incluían compromisos con llaves adicionales o lengüetas de plástico. Desde los años setenta, un mayor rigor histórico ha permitido recuperar un sonido más fiel al original.

Repertorio esencial

  • Anónimo (Monje de Salzburgo): Das nachthorn
  • Anónimo (Monje de Salzburgo): Das taghorn
  • Johann Hermann Schein: Hosianna dem Sohne David (Opella nova, 1626)
  • Johann Christoph Pezel: Bicinia variorum instrumentorum (Leipzig, 1675)
  • Anónimo: villancicos catalanes del siglo XVIII con partes de tiple y tenora
  • Colección Philidor, primer volumen (repertorio de la banda de Luis XIII)

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