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Cuerda pulsada

Arpa

Cordófono de cuerdas que forman un plano perpendicular a la caja de resonancia, presente en culturas de todo el mundo desde la Antigüedad hasta hoy. Su historia abarca desde el arpa de la Mesopotamia y el Egipto antiguos hasta los modelos de pedales y palancas de la época moderna.

El arpa es, en sentido amplio, cualquier cordófono en el que el plano de las cuerdas es perpendicular a la tapa armónica. Casi siempre tiene un contorno triangular y se compone de tres partes estructurales básicas: la caja de resonancia, el mástil y las cuerdas. La clasificación de Hornbostel y Sachs la divide en arpas de marco, que cuentan con un pilar delantero que une el extremo inferior de la caja con el mástil y absorbe la tensión de las cuerdas, y arpas abiertas, que carecen de ese pilar. Solo las arpas europeas y sus descendientes son sistemáticamente de marco; la mayoría de las demás son abiertas, y estas se subdividen en arqueadas, cuyo mástil se curva alejándose de la caja, y angulares, cuyo mástil forma un ángulo marcado con ella.

Las cajas pueden tener forma de cuchara, de paleta, de barco, de caja (cuadrada, trapezoidal o rectangular), semiesférica o, raramente, de cintura. Sobre la caja se coloca una tapa armónica de madera o de piel, y un soporte donde se fija un extremo de cada cuerda. El otro extremo se sujeta al mástil mediante nudos especiales, clavijas fijas, clavijas móviles o lazos de afinación. En algunas arpas africanas de puente, las cuerdas pasan por un puente y se fijan en la parte inferior del instrumento. Algunas arpas incorporan mecanismos que producen un zumbido o modifican los armónicos de la cuerda pulsada; en Europa se usaron desde la Edad Media hasta el primer Barroco, y en África siguen empleándose. El número de cuerdas varía desde una sola hasta más de noventa.

En la Antigüedad predominaron las arpas abiertas, arqueadas o angulares, con muchas formas y tamaños y distintas posturas de ejecución. El instrumento podía sostenerse con las cuerdas en vertical, como más a menudo, o en horizontal. Las cuerdas se pulsaban con los dedos o se golpeaban con un plectro largo sujeto en la mano derecha, y en las representaciones con plectro la mano izquierda suele quedar oculta, aunque probablemente servía para apagar las cuerdas que no debían sonar. Los testimonios más antiguos proceden de Mesopotamia, donde aparece hacia el 3000 a. C., y de Irán, donde las arpas se documentan desde al menos el 3100 a. C. hasta el 1600 d. C. En Egipto, el arpa fue el instrumento más destacado y existió durante gran parte del periodo faraónico; en el Imperio Antiguo y el Medio solo había un tipo, de forma de pala, y en el Nuevo Reino aparecieron formas inspiradas en modelos mesopotámicos. En Grecia, las arpas angulares llegaron hacia el 400 a. C., y algunas eran de marco. Con la desaparición de la civilización griega clásica, desaparecieron también estas arpas de marco.

África conserva la mayor variedad de arpas del mundo, presentes en las tradiciones de cerca de ciento cincuenta pueblos. Muchas de sus formas recuerdan a las antiguas, y se piensa que la tradición constructiva se transmitió oralmente. Las arpas de África Central y Oriental suelen tener soportes longitudinales de cuerdas, mientras que las del oeste del continente, las arpas de puente, emplean soportes verticales. Los materiales son muy variados: troncos tallados, calabazas, caparazones de tortuga y pieles de mamífero para la tapa; antes las cuerdas eran de tendón, de piel trenzada, de metal o de fibra vegetal, y hoy suele usarse sedal de nailon. El arpista africano es con frecuencia también narrador, genealogista y figura central de rituales religiosos, y las canciones suelen improvisarse con repeticiones de frases musicales y textuales.

En Asia, las arpas arqueadas se extendieron hacia el sur y el sureste, y en la India aparecen en la iconografía desde el siglo II a. C. Hasta el siglo XVII sobrevivieron varias tradiciones, como el saùng-gauk de Birmania, que se toca pulsando con la mano derecha sin plectro, y el bīn bājā y el vaj, que se rasguean con plectro mientras la mano izquierda apaga las cuerdas. En Asia Oriental, el arpa angular se recuperó en el siglo XX.

En Europa, la arpa medieval se caracterizaba por una caja tallada en una sola pieza de madera, y se tocó desde el siglo VIII hasta el XVIII. Los instrumentos más antiguos conservados datan del siglo XIV, y las cuerdas podían ser de tripa, metal, plata o seda. Durante siglos fue el arpa de marco la que se representó en la iconografía cristiana, especialmente ligada a David y a los salmos. En Irlanda y Escocia el arpa diatónica alcanzó un notable desarrollo: el instrumento irlandés, con cuerdas de latón, cajas planas de una sola pieza y pilar muy curvado, se usó hasta finales del siglo XVIII.

Desde mediados del siglo XVI, en España, se describieron técnicas para obtener notas cromáticas en arpas diatónicas, como el pulgar que acorta la cuerda o la reafinación de algunas cuerdas. Los constructores pasaron después a las arpas de dos o tres órdenes de cuerdas. El arpa doble, o arpa doppia, tuvo grandes centros en Nápoles y Roma, y en las islas británicas se extendió el arpa triple, que los arpistas galeses adoptaron hasta el punto de que a comienzos del siglo XVIII ya se la conocía como arpa galesa. En el siglo XVIII se inventó el arpa de pedales de simple acción, atribuida a Jakob Hochbrucker, y en 1810 Sébastien Érard patentó el arpa de doble acción, con siete pedales que podían pisarse dos veces y que permitía tocar en todas las tonalidades. Érard fabricó unas cuatro mil arpas de este tipo entre 1811 y 1835, y la de doble acción siguió siendo el modelo de referencia hasta el siglo XX.

En la orquesta, el arpa tuvo un lugar limitado durante gran parte del siglo XIX, aunque Berlioz la incorporó a la orquesta sinfónica en la Symphonie fantastique y en Harold en Italie. Liszt, Brahms, Schumann y Wagner escribieron partes idiomáticas, y la música de cámara y los solos ganaron prestigio en los salones. Muchas de las obras solistas del siglo XIX tienen escaso valor intrínseco, aunque algunos virtuosos, como Elias Parish Alvars, crearon técnicas nuevas como el glissando de acordes, que llamó sdrucciolando. Las armonías de Ravel en la cadenza de su Introduction et allegro muestran el uso de esos efectos.

En el siglo XX se crearon el arpa cromática sin pedales de Pleyel, a partir de la patente de J.H. Pape, y en 1962 el arpa de palancas de Lyon & Healy, que hizo al instrumento más accesible para principiantes. Desde los años cuarenta se exploró el arpa en el jazz y el pop, y en los ochenta llegaron las arpas eléctricas. En la actualidad el instrumento sigue vivo en la tradición popular de Tirol, Hungría y Latinoamérica, y se ha desarrollado un movimiento de música antigua que recrea arpas inspiradas en modelos históricos.

Repertorio esencial

  • Berlioz: Symphonie fantastique
  • Berlioz: Harold en Italie
  • Boieldieu: La dame blanche
  • Meyerbeer: Robert le diable
  • Donizetti: Lucia di Lammermoor
  • Ravel: Introduction et allegro
  • Mozart: Concierto para flauta y arpa
  • C.P.E. Bach: Solo para arpa en sol

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