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Renacimiento

Carlo Borromeo

1538–1584 · Arona · eclesiástico italiano

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Carlo Borromeo (Arona, 2 de octubre de 1538 – Milán, 3 de noviembre de 1584) fue uno de los prelados más influyentes de la Italia de la Contrarreforma. Procedente de una familia milanesa bien asentada, ascendió con gran rapidez en la jerarquía eclesiástica, y su peso político en la Roma pontificia fue notable antes de cumplir los treinta años. Su interés por la música sacra, aunque a menudo se exagera, forma parte de su legado.

Tras licenciarse en teología y derecho en Padua en 1559, su carrera avanzó vertiginosamente cuando su tío Giovanni Angelo de' Medici fue elegido papa con el nombre de Pío IV, en diciembre de ese mismo año. En enero de 1560 fue nombrado secretario de Estado pontificio y cardenal, y al mes siguiente, arzobispo de Milán. Entre 1560 y 1565 fue, desde Roma, la figura más destacada del gobierno papal después del pontífice. Impulsó la reanudación del Concilio de Trento, que estaba prácticamente detenido, y lo llevó a su conclusión en 1563. Fue canonizado en 1610.

Su relación con la música sacra quedó documentada en varios episodios. Entre 1561 y 1562 organizó, junto a los cardenales Otto Truchsess von Waldburg y Vitellozzo Vitelli, un intercambio de obras con la corte ducal de Baviera, aunque no hay pruebas sólidas de que tuviera finalidad reformista. En 1565 fue designado, junto a Vitelli, para examinar la capilla papal; trece cantores acabaron expulsados. Ese mismo año pidió a Vincenzo Ruffo, maestro de la catedral milanesa, una misa lo más inteligible posible. Que la célebre Missa Papae Marcelli de Palestrina se compusiera en ese contexto es incierto, aunque la tradición lo sostiene desde Giuseppe Baini.

De regreso en Milán, intentó reformar la diócesis con el ejemplo personal, y su intervención fue especialmente intensa en la música de los conventos femeninos. Tras la epidemia de peste de 1576 se volvió más hostil hacia toda frivolidad. Ruffo permaneció como maestro hasta 1572, y sus misas póstumas, publicadas en 1592 como Missae Boromeae, reflejan su huella.

La importancia de Borromeo para la música sacra reside, más que en un único gesto, en su papel central durante el periodo posterior a Trento: fomentó el estilo corale de Ruffo, pero también la reforma de la liturgia, de los templos y de los coros. Estas iniciativas abrieron el camino a una renovada vitalidad de la música católica desde la década de 1580.

Obras y logros destacados

  • Missae Boromeae (Vincenzo Ruffo, 1592)
  • Missae quatuor (Vincenzo Ruffo, 1570)
  • Magníficats de Simon Boyleau (dedicados a Borromeo, 1566)